Nacedero del Urederra

Balcón de Pilatos

DIFICULTAD: Algo de desnivel

IDA Y VUELTA: 4 horas

DESNIVEL: 350 m.

DISTANCIA: 10, 8 km.

TRACK GPS

Un día bien empleado produce un dulce sueño, una vida bien usada una muerte dulce.

Da Vinci

Septiembre 2010

La noche se cerraba como un baúl con su tapa de lentejuelas. El camino se confundía entre las sombras y me quedé dormido en una pequeña cueva oculta en el bosque. Me he despertado con los primeros rayos de sol que comienzan a calentar la tierra. He mirado hacia arriba y he descubierto el increíble circo de piedra que me rodea. Es como si lo hubiesen cortado con un cuchillo, como si fuera de mantequilla. Los precipicios y acantilados caen en el valle como gigantes cortinas de piedra, como enormes telones de roca y de estas rocas brotan decenas de cascadas que se reúnen en el cauce central de un rio de aguas cristalinas que baja dando saltos entre lagunas turquesa para rendir su tributo de aguas limpias y frías en el curso de un rio mayor. (Germatore)

Nacedero del Urederra.

El recorrido de hoy trascurre por la reserva natural del rio Urederra en su cabecera. Situado en la Ameskoa Baja es uno de los lugares más hermosos y fotografiados de nuestra geografía. Seguiremos un itinerario poco frecuentado por el que accederemos a la sierra de Urbasa por el puerto nuevo hasta el monte limitaciones, donde se encuentra el balcón de Pilatos. Bordearemos este circo de piedra para descender luego al nacedero sumergidos en un bosque encantado que parece sacado de las páginas de un cuento infantil.

Balcón de Pilatos.

Llegamos hasta el pequeño pueblo de Baquedano. Dejamos el coche en el aparcamiento y seguimos las indicaciones que nos conducen hasta la parte alta del pueblo donde da comienzo una pista que se dirige hasta el nacedero.

Seguimos las indicaciones.

Nos dirigimos hacia el nacedero.

Justo antes de llegar a un merendero hay una pista que sale hacia la derecha, abandonamos la pista principal y tomamos ese camino, un poste nos indica puerto viejo.

Camino del puerto viejo.

Un poco más adelante tomamos otro desvío a la derecha que nos conducirá hasta el camino del puerto nuevo. Ascendemos por esta pista y vamos ganando altura, pasamos varios postes indicativos: descansadero de los bueyes, fuente de kanbelata.

Pasamos por esta fuente.

Seguimos ascendiendo por este bosque entre tremendas encinas y hayas gigantes, hasta llegar a un portillo que nos indica que hemos llegado al monte limitaciones.

Atravesamos este portillo

Una vez aquí deberemos rodear todo el circo de piedra, hay una pista que lo bordea, pero si queremos disfrutar de estas vistas maravillosas es mejor cruzar una valla y acercarnos a los acantilados.

La pared del Capellán.

Al darnos la vuelta vemos las extrañas formas que tienen las rocas tras nuestros pasos.

Una mirada atrás.

Esta roca que sobresale, cuentan que era el lugar elegido en la guerra civil para lanzar al vacío a los rojos capturados. Les vendaban los ojos y les obligaban a avanzar hasta que se precipitaban al vacío.

Balcón de Pilatos.

Cuando hayamos completado la vuelta al circo, nos fijaremos en unos postes de luz de alta tensión, junto al último de estos postes, antes de que se pierdan entre la espesura, nace el camino que desciende hacia el nacedero.

Aquí comienza el descenso.

Llegaremos a una valla que debemos atravesar. La senda trascurre ahora en un bosque increíble.

Cruzamos la valla.

Tras un rato de avanzar por el bosque, comenzaremos a descender junto a la pared del circo de piedra donde se han formado rincones fantásticos.

Rincón del Bosque.

Hay que estar atentos al llegar a una gran roca, se puede rodear o atravesar por una pequeña cueva. Si la rodeamos seguir hacia la izquierda.

Atravesamos esta roca por la galería.

El descenso es un paseo agradable entre un muro gigante de piedra a un lado y el bosque de un sueño al otro.

El camino junto al muro.

La espesura derrocha su verdor antes de que un otoño inminente se lo arrebate.

Rincón verde.

Llegamos al nacedero, la luz del mediodía tropieza con las hayas y resbala por sus hojas para caer en las pozas, tiñéndolas con el azul robado en el cielo inmaculado de las Ameskoas.

Descendemos por el camino, claramente marcado y una vez concluido el descenso volvemos hacia Baquedano.

Regresamos hacia Baquedano.

POR : GERMATORE

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